Rodrigo Rojas Vade

Pelao' embustero... pelo e' perro.
Pelao' mentiroso... pelo e' oso. 

Rodrigo Rojas Vade está en el ojo del huracán aquí en mi país. El motivo: mintió.
Dijo que tenía cáncer y no tenía cáncer. 
La cosa es que con esto le dio alimento a la prensa sensacionalista (y la no tanto) para tener de qué hablar. Y claro, el tipo había sido seleccionado dentro del grupo de iluminados que redactaría la próxima constitución chilena (que tampoco nadie leería a menos que lo obliguen en el colegio) asunto que hizo que su mentira fuera más cuestionable que las tantas que construyen y constituyen nuestra diaria realidad. 
Me da pena ver a medio mundo lanzándose en picada en contra del tipo. De hecho eso me mueve ahora a escribir esta weá que publicaré en un blog que nadie conoce y que -como la constitución actual y futura de mi país- nadie leerá. 
Pero hay una fuerza que me motiva a escribir aquí, desde la comodidad de mi silla de playa mientras vendo ropa americana en la feria, a opinar y garabatear un par de líneas al respecto. 

Es bacán juzgar. He sido muy bueno en eso, y es mucho más bacán cuando nos damos cuenta que coincidimos con más de una persona en nuestros juicios, los unimos y así creamos uno más grande. 
Los juicios, además, poseen un matiz emotivo importante. Se quiera o no, se pretenda o no, al juzgar uno añade, también, su corazón en ello. Es una weá inevitablemente emocional. Quien juzga frunce el seño, cambia el tono de su voz, su postura corporal... Incluso añade a todo eso una actitud: la actitud de quien está completamente fuera de toda esa órbita ignominiosa que tanto juzga. 
En este caso en particular hablamos solamente de mentir. Y si estás vivo y eres un ser humano neurotípico (porque existen ciertas condiciones cerebrales que no admiten este tipo de disonancias cognitivas) es imposible no haber mentido, mentir y seguir mintiendo. 

Está bien: el pelado mintió, actuó en consecuencia y hay implicancias legales. Como figura pública es sometido al escarnio popular (el resto de los mortales tenemos la cuea de que nuestros chamullos vivan en el santísimo anonimato). Por lo mismo tendrá que responder como un ciudadano cualquiera ante la ciega, injusta y femenina justicia. Listo. 
Pero no. Ahí están ahora mismo los cuidadores de la ley, escribas, fariseos eternos que han existido, existen y siempre existirán, con el juicio constante, emocional hasta la irracionalidad, señalando con sus dedos desde un pequeño olimpo de moralidad más flaite que asado de vienesas. 
Esa weá no me gusta. Me parece cruel y antojadiza. El mentir puede que no sea un error porque es un acto que es bastante complejo en cuanto a su confección. El error puede que tenga relación con sus efectos cuando evalúas que las consecuencias de haber faltado a la verdad provocaron algo mucho más severo e importante. Entonces te das cuenta, ves que las cosas llegaron demasiado lejos, te arrepientes y asumes recién la mentira como un error. 
A mi esa weá me ha pasado incontables veces. Y sé y admito que muchas veces en que mentí no lo hice con la intención única y sucia de dejar la cagada en el mundo y mucho menos dañar a otros con eso. 

No conozco al pelado. No tengo idea de la clase de persona que es. Ahora mismo sería muy papa juzgarlo y señalarlo como ahora mismo lo están haciendo todos los reculiaos conchetumadres que habitamos la cruel, peligrosa y aweonada red. 
Estoy seguro que la ley hará lo suyo. Está bien, es lo que sigue. Pero siento en el fondo de mi ser espiritual que lo que sigue tampoco es condenarlo per sé. Fue. Esa weá no le correspode a nadie. Total ya basta con la consciencia con la cual va a  relacionarse y reflexionar sobre lo sucedido durante el resto de su vida. 





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