sospecha
Internet se puso intenso gracias al empujón que le dio el covid.
Es cuático cómo un organismo microscópico ayudó a un sistema inorgánico a potenciarse en el mundo.
Yo creo que esta clase de interacciones son exclusivas de este mundo contemporáneo que de repente se llenó de dispositivos y artefactos. En fin. Ese es tema para otro cuento. La historia es que en un tiempo muy breve la world wide web se convirtió casi en la norma.
Y fuera de ese ámbito pareciera que todo se tornó medio difuso. Hablo de la realidá culiá. Ahora mismo estoy inmerso en ella, sentado en una silla de playa, vendiendo ropa americana en la feria. Miro alrededor y pareciera que no pasara nada malo. Gente vende y otra gente compra.
Existe COVID-19 entre medio, pero como es microscópico no se puede ver. Usamos mascarillas, pero en realidad no pasa nada. Necesitamos estar aquí y juntar dinero. Nada más.
Y fuera de esto existe un país llamado Chile que está rebosante de problemas. Pesco el teléfono y leo titulares en los portales de noticias. Tenemos un presidente de la república codicioso y tramposo (elegido democráticamente). Hay tensiones políticas, sociales, ambientales y económicas (entre otras). Pero levanto la cabeza, otra vez, y al parecer aquí no pasa nada. Todo pasa en Chile, en lo que me dice el internet -que insisto en que es la norma-. La gente pasa de un lado a otro, preguntan por las cosas que ven disponibles, en las manos llevan otras, otros pasan a comer... Está todo demasiado normal. Se siente tranquilo. Pero mi carácter ansioso y desconfiado no me permite estar tranquilo, y tengo una tincada que me tiene sospechando todo el rato.
Me encantaría poder contribuir a hacer de ese Chile que leo un lugar mejor. Me gustaría sentirme mucho más útil para el mundo. Pero mejor me quedo acá. Mejor toco la guitarra.
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