Ana
Recuerdo que era pendejo, y mientras me comía mi plato de tallarines usando un paño e' plato como servilleta envuelto en el cuello, en la radio Pudahuel que estaba en la cocina la Ana Gabriel cantaba que cuanto daría por gritarles nuestro amor... Decirles que al cerrar la puerta nos amamos sin control... ¡Que despertamos abrazados... Con ganas de seguir amándonos¡ (Es imposible no haber leído las líneas anteriores sin escuchar por dentro el timbre carrasposo de la voz de la cantante). Yo seguía comiendo, como un fusilero palestino con su pañuelito envuelto al cuello, y la radio sonaba a todo color (na' que ver la weá). La hora de irme se aproximaba, y mi camisa celeste estaba planchadita, planchadita, planchadita (Es imposible no haber leído las líneas anteriores sin escuchar por dentro el timbre carrasposo de Luca Prodán), y a salvo de la salsita de tomates de mi almuerzo. Mi cabeza bien peinada, el resto del uniforme impecable y los zapatitos lustrados. Parecía un funcionari...