Botillerías
Cuando murió Michael Jackson estábamos con un amigo en la botillería comprando arsenal para ir a curarnos a su departamento.
Cuando murió Felipe Camiroaga estábamos con un amigo en la botillería comprando arsenal para ir a curarnos a su departamento.
Recién recordé esto. Dos situaciones similares. No había caído en la cuenta hasta poco. Y es muy probable que la vida esté llena de momentos de esta especie: circunstacias que se repiten en distintos tiempos. El común denominador: la botillería; el máximo común divisor: muerte (na que ver la weá). El asunto es que de repente recordaba dos situaciones similares y me venía a la mente eso de los dejavús. Esa sensación de: "esta weá ya había pasado..."
Tal vez nunca sucedió. Está bien. Pero cuando me pasa me paso la película de que se me abrió el tercer ojo y me volví de pronto vidente. Pero na que ver. Nadie tiene poderes especiales en este mundo. Pero de que hay weás raras e inexplicables las hay. No voy a negarlas, pero tampoco son tan raras como las ficciones hollywoodenses. No.
Supe de cierta agrupación que ofrece una cuantiosa suma de dinero a quien llegue demostrando alguna capacidad no humana (paranormal?) y que hasta el día de hoy no le han dado un peso a nadie.
No hay no más. Punto.
Pero sí existen botillerías alrededor del mundo. He tenido la fortuna de cruzar estas fronteras y en todos lados había copete. Copete y muerte (dele con la weá). Lo sé, suelo ser obseso a veces. Pero es cierto. Curados hay en todas partes al parecer, y los habrá mientras el copete se siga vendiendo en las mismas tiendas donde se vende la pura y blanca leche.
No me acuerdo de qué quería hablar. Empecé con el Michael Jackson, el Felipe Camiroaga y terminé pelando cables. Pero está bien, a veces uno se levanta con el padecimiento enorme de querer hablar y no decir absolutamente nada.
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