Esperas
Lo repito por millonésima vez: las esperas obligadas son los mejores escritorios para instalarse a escribir.
Ahora mismo estoy esperando que mi amorsito salga de una examen en el que se le exigía un acompañante. Estoy en esa espera, en una sala cúbica, blanca, atiborrada de calefacción y de esterilizada atmósfera de una clínica. Miro las casas en los cerros a través de un ventanal, y estoy casi enterrado en un sofá feo y desgastado de tantas esperas medias angustiosas -tal vez-. Hay dos personas más, en silencio, y los tres estamos sumergidos en nuestros teléfonos como adolescentes. Yo aprovecho para escribir, porque cuando me encuentro de pronto en estas circunstancias el escribir me provoca un placer bello. Lo más importante es que tiempo después, al releer lo que escribí, me maravilla lo espontáneo, lúcido, ameno e interesante todo lo que ahí encuentro. Es por lo mismo que no me convertí en escritor. Soy muy bueno escribiendo, nadie me gana, ni Proust, ni Borges ni el mismísimo Cervantes o Dostoievsky. En serio. En realidad el único que me gana es don Gabriel García Márquez, pero como todos los demás ya no existe, así que debo ser el mejor. Pero como contaba: no soy escritor de oficio porque la idea de sentarme en un escritorio a escribir todos los días de ocho a una de la tarde no me gusta, y creo que no se puede generar literatura de otro modo que no sea trabajando con cierta disciplina.
Vendo ropa americana en la feria de modo bastante irregular: no tengo permisos, ni tengo horarios y ni lugares estables, por lo que puedo estar trabajando desde dos hasta cinco días por semana. La idea es trabajar siempre. No hay otro modo. Por otra parte la informalidad laboral, aparte de someterte a un régimen incesante de trabajo, también agrega la incertidumbre del futuro sin imponer lo correspondiente para la jubilación (como si ya no bastara con todas las incertidumbres propias de la existencia). De todos modos muchos han muerto trabajando, así que en realidad no debiera importar demasiado.
No sé por qué terminé hablando sobre esto si empecé hablando sobre las esperas y lo bien que se me da escribir en esas circunstancias. Pero insisto, es una buena circunstancia.
Fin.
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